viernes, 8 de julio de 2016

Sobre la constancia

constancia



Si hay una cosa que me caracterice, eso es la constancia.


Siempre que estoy en una conversación sobre cremas y rutinas de bellezas, hay alguien que dice: "uy, yo soy incapaz de echarme tantas cosas". Y yo siempre digo que yo sí. Mi madre siempre decía que no tuve acné en la adolescencia porque me lavaba con el jabón de la cara todos los días. Yo creo que no tuve acné por genética pero es verdad que llevaba a cabo la limpieza facial que me había recomendado el dermatólogo todas las noches.

Tengo claro que es algo que me han inculcado mis padres. Esta afirmación me da para otro post donde hablar de qué pesa más en una persona, ¿su forma innata de ser o la educación recibida? Lo dicho, lo debatimos en otro post.

Puede que la constancia sea algo innato en mí pero, sin duda, mis padres lo han potenciado. Cuando era pequeña, hacía miles de actividades extraescolares. Bailaba, iba al conservatorio, a la escuela de idiomas y jugaba al tenis. Desde los 6 años hasta los 17 hacía todo esto y alguna más. No siempre te apetecía hacerlo todo, os lo aseguro. Cuántos domingos me habré despertado rezando para que estuviese lloviendo y así no tener que ir a entrenar. Cuántas tardes habré intentado escaquearme de baile. Cuántas.

Pero mi madre siempre nos decía la misma frase: "Vale, si no quieres seguir yendo, te quito. Pero te quito de todo". Entonces me arrepentía. Porque el año que no me apetecía mucho ir a baile porque a lo mejor la coreografía que estábamos montando no era de mis favoritas, me lo pasaba pipa en coro con Nuria y esa hora y media la semana compensaba todo lo demás. Porque los sábados y domingos daba muchísima pereza madrugar para ir a jugar al tenis pero sabía que a las 10 de la mañana estaba libre para disfrutar de mis amigas el resto del día.

Ahora sé que mis padres, lejos de forzarnos a nada, lo único que querían era desarrollar nuestra constancia, la responsabilidad y el compromiso. Porque si empiezas algo, lo terminas. Porque si el grupo de baile cuenta contigo, tú no les fallas. Y así recuerdo con emoción la semana antes de Selectividad. Esa semana en la que tenía los exámenes más importantes de mi vida (eso pensaba en ese momento), audición en el conservatorio y festival de baile. Así me recuerdo bajando y subiendo escalones en el auditorio cuando no me tocaba ensayar a mí porque no podía estarme quita. Así recuerdo pasear por el centro antes de la audición porque era incapaz de practicar más. Así recuerdo recitarle sin parar a mi padre el temario de Historia. Así recuerdo como el tiempo te cundía infinito. Porque cuántas más cosas tienes que hacer, más aprovechas el tiempo.

Así aprendí a organizarme las tardes cada curso. Aprendí a prepararme la clase de piano cada semana. Aprendí a bailar dos veces por semana y jugar al tenis otras dos. Así aprendí a ser constante.

Por eso, cuando en Madrid me apunté la primera vez a un gimnasio low cost, de esos que te obligaban a pagar 7 meses de una vez y todo el mundo me preguntaba, ¿pero si luego nos vas, no te da miedo tirar el dinero? Yo respondía: si me apunto, voy. Y tanto que fui.

Por eso sé que este blog nos durará.

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